| | Andrés Segovia Torres, nació el 18 de Febrero de 1894 , en el pueblo de Linares, provincia de Jaén, España, aunque algunos documentos dicen que, en realidad, el gran guitarrista español nació el 21 de Febrero de 1893.
Hijo de un humilde carpintero, es probable que Andrés, de haberse criado con él, jamás hubiera podido seguir su vocación musical.
Sin embargo, las mismas circunstancias de pobreza marginal obligaron al padre de Andrés de ponerlo en manos de unos conocidos suyos que disfrutaban de una posición económica mucho más holgada y, aún así, las cosas no fueron sencillas para el que sería, tal vez, el intérprete de la guitarra clásica más grande de todos los tiempos. |
El estribillo repetido en la infancia de muchos de los grandes músicos de la historia, es que sus familiares no veían con buenos ojos sus afanes artísticos; y
Andrés Segovia no fue la excepción.
La familia que cuidó de Andrés le visualizó el oficio de farmacéutico, por lo cual no tuvo más remedio el joven Segovia que estudiar guitarra solo y a escondidas.
A lo anterior, debe sumarse el hecho de que en los años de su niñez la guitarra era un instrumento menospreciado, pues se consideraba propio de los gitanos y sus bailadores de poca monta.
El primer maestro de
Andrés Segovia fue un barbero flamenco que rasgaba con buen gusto las cuerdas de la guitarra. Después, durante la adolescencia, Andrés, ingresó al Instituto de Música de Granada -pese al desagrado de sus tutores- y es ése Instituto fue donde la experiencia fue ampliando poco a poco el caudal de recursos que le permitió perfeccionar su desempeño interpretativo de la guitarra clásica.
Al paso de los años, convertido ya en el más grande guitarrista clásico del mundo,
Andrés Segovia seguía en una disciplinadísima etapa de preparación musical tanto en intepretación, investigación musical y composición.
Andrés nunca dejó de estudiar y la práctica de la guitarra de llevaba diariamente al menos cinco horas al día.
Su gusto hacia el instrumento y el interés que ponía en su aprendizaje lo llevó rápídamente a un desarrollo intepretativo muy depurado y, en 1910, cuando Andrés tenía 16 años, dio su primer concierto en la ciudad española de Granada, presentando un repertorio que había formado con partituras halladas en bibliotecas y adaptaciones de obras de los considerados grandes músicos de aquellos días (
Johann Sebastian Bach,
Nicoló Paganini,
Doménico Scarlatti, etc.).
En aquellos años, apenas y había un repertorio como para crear un recital musical respetado para la guitarra y que la audiencia pudiera considerarla con un programa musical
serio; y es que en ésos días el instrumento musical de origen árabe era entonces considerado como un curioso instrumento folclórico y, muchas veces, como una expresión musical de subcultura vulgar.
Sin proponérselo,
Andrés Segovia fue el pionero del uso profesional de la guitarra flamenca y la introdujo no sólo en las salas de conciertos de renombre, sino motivó a que se crearan partituras excelsas para el ahora instrumento musical más representativo de España y que fue introducido hacía siglos atrás por los árabes tanto en la península ibérica como en la itálica.
Aunque el uso del instrumento original del cual evolucionó la guitarra flamenca quedó en el olvido tanto en el mundo árabe como en el italiano, fue en España el último rincón del viejo mundo en donde la guitarra se interpretaba y su estructura morfológica evolucionaba y se perfeccionaba continuamente.
Aunque
Andrés Segovia continuó ofreciendo recitales, fue una presentación ofrecida en Madrid en 1913 la que se consideró como el debut oficial del guitarrista.
Como no tenía una buena guitarra, decidió rentarla y buscó la guitarra con la más fina acústica existente en la capital madrileña: fue así que acudió al establecimiento del constructor de guitarras
Manuel Ramírez con la intención de proponerle al dueño que le rentara un instrumento por ésa noche.
Después de probar y ensayar con la mejor guitarra del local durante media hora la música que había preparado para el recital, el asombrado Ramírez le rogó que aceptara la guitarra elegida como un regalo.
Junto con el virtuosismo del intérprete, el resultado del debut concertista de Segovia fue un éxito clamoroso.
Segovia continuó con sus estudios de guitarra durante toda su vida y, pese al éxito contundente -casi legendario- en una sala de concierto, amigos y tutores trataron de disuadirlo continuamente por no confiar en el futuro de la guitarra flamenca para la música clásica.