| | Ella Jane Fitzgerald, nació el 25 de Abril de 1917 en Newport News, Virginia, E.U.A.
Ella, referenciada cariñosa y respetuosamente como The First Lady of Song (La Primera Dama de la Canción) es, sin duda, una de las más grandes y trascendentales voces del jazz y, tal vez, su más emblemática y mejor exponente vocal.
Ella Fitzgerald pertenece a ésa irrepetible generación de jazzistas surgidos a finales de los '30s del Siglo XX que hicieron del jazz un recuerdo musical colectivo que, hasta la fecha, si resonando claro y contundente, pues no hay cantante alguna que siquiera se le acerque en su poderosa voz, fraseo e inagualable capacidad vocal de improvisación.
Su presencia escénica y su inagotable improvisación vocal hizo palidecer, muchas veces, a los grandes solistas del jazz de su tiempo en sus siempre intensos conciertos en bares y auditorios del mundo a lo largo de su vida. |
Para los críticos especializados, Ella -junto con
Billie Holiday y
Sarah Vaughan- está considerada como la cantante más importante e influyente de la historia del jazz y la música popular.
Lady Ella no sólo fue una extraordinaria exponente del jazz y del swing, también fue una cantante que incluyó en su repertorio diversos géneros musicales, como el blues, bossa nova, samba, gospel, calypso, canciones navideñas, pop, etc., desempeñándose en tan variadas expresiones musicales de manera magistral.
Ella Fitzgerald representa, también, a ése selecto grupo de fulgurantes estrellas de la bóveda celeste musical inmortal que, simplemente, estuvieron destinados a iluminar con su desempeño musical las tibias noches de los mortales que buscaron silbar una canción que los alegrara.
Y es que, en realidad,
Lady Ella no soñaba con ser cantante: Ella quería ser bailarina. Desde muy joven, Ella estaba totalmente fascinada con los celestiales bailes de
Fred Astaire y
Ginger Rogers y, cuando tuvo la oportunidad de debutar ante el público sus dotes danzísticos, el futuro llegó muy rápido a su vida y la ubicó en la expresión artística en la que haría realmente Historia: el canto.
La niñez de
Ella Fitzgerald fue, como la de muchas niñas de su generación, una vida llena de carencias y tragedias personales que a nadie le importaron en un Estados Unidos de América que había legislado una vida civil que solapaba un trato discriminatorio a los no caucásicos.
El padre de Ella,
William Fitzgerald, era un conductor de trenes y, siendo aún muy pequeña, la abandonó junto con su madre
Temperance, quien tuvo que sobrevivir lavando ajeno, mundándose madre e hija a la cosmopolita pero siempre ruda Ciudad de New York.
La única válvula de escape de Tempie y Ella era el cine, siendo los musicales los preferidos de la cada vez más abandonada niña, que crecía soñando en bailar en el escenario.
La niñez de
Ella Fitzgerald fue muy parecida a la de su contemporánea
Billie Holiday: niñas sin padre cuyas madres tuvieron que ganarse un puñado de dólares tras trabajar larguísimas jornadas laborales llenas de injusticias.
Cada vez más sola al cuidado de las tías, Ella también sufrió bejaciones sexuales por parte de vecinos y parientes como Billie pero, a diferencia de
Lady Day, Ella siempre mantuvo un carácter fuerte y optimista, evitando a como diera lugar la depresión mientras veía bailar a
Fred Astaire y disciplinadamente los pasos vistos en escena en los rincones de los sucios y abandonados apartamentos neoyorquinos.
Tempie no tardaría mucho en encontrar pareja en la ruda ciudad neoyorquina y se fue a vivir con la pequeña Ella en el apartamento de
Joseph Da Silva, con quien tuvo un hija,
Frances, pero tanto Ella como Joseph no simpatizaron mutuamente.
Años después, tanto Frances como Joseph le harían la vida imposible a Ella, quien sólo contaba con su madre cuando ambas iban al cine a ver los musicales.
Tempie siempre alentó a su hija a ser la mejor bailarina; de hecho, Ella siempre recordó a su madre muy entusismada apoyándola en su siempre efímeras clases de baile: "...
si le dedicas tu vida al baile, algún día será la primera dama negra que bailará con Fred Astaire...".
Madre e hija, pese a las tragedias de miseria y abusos del prójimo en sus vidas, siempre fueron muy unidas pero, en 1932, Tempie murió al ser atropellada por un automovilista.
Ella Fitzgerald quedó a cargo de su insoportable padrastro y su maliciosa media hermana, pero pocos meses del deceso de Tempie después moriría Joseph de un infarto fulminante.
Tanto Ella como su media hermana Frances quedaron bajo la custodia de la tía Virginia, pero los problemas familiares llegaron a niveles de histeria entre las media hermanas que, literlmente, terminaron odiándose a muerte.
Ella Fitzgerald tuvo una difícil adolescencia llena de conflictos existenciales contra Frances, por lo que constantemente se ausentaba de los colegios y se unía las pandillas locales, terminando generalmente detenida por la policía.
Frances logró convencer a la tía Virginia de que Ella era un caso perdido y, tras pagar una costosa fianza por verse involucrada en un lío local de pandillas, fue abandonada a su suerte, siendo nuevamente arrestada y recluída en un orfanatorio.
Ella siempre se escapaba de cuanto hospicio era ingresada y sólo duró una temporada relativamente duradera en el
Bethany African Methodist Episcopal Church porque se interesó en aprender a interpretar el piano.
En éste orfanato clerical,
Ella Fitzgerald aprendió a tocar el piano en tiempo récord pero, tras asimilar todo lo que ahí le podían enseñar, nuevamente escapó, pues el recuerdo de su madre por ser una bailarina era muy fuerte: pero el destino le tenía guardado otra vida inimaginablemente más brillante y trascendental.