Edward Kennedy "Duke" Ellington, nació el 29 de Abril de 1899 en Washington, D.C., E.U.A.
En comparación con el promedio de vida socio-económicamente miserable del afroamericano estadounidense de inicios del Siglo XX, la cuna en la que nació y se desenvolvió Edward en su niñez fue muy opulenta, por lo que no era de extrañar que, con envidia, lo apodaran aristocráticamente como Duke (el Duque).
Pero, más allá del mote aristocrático, Edward realmente elevó al Jazz a niveles excelsos y, si bien Edward fue un genuino Duque musical del Jazz, realmente fue un verdadero Rey de la versión orquestal del género.
Duke Ellington fue el único director de grandes bandas que sobrevivió a la hecatombe existencial de la versión orquestal del Jazz tras la exitosa aparición de solistas adictos a la improvisación maratónica y de pequeños ensambles simpatizantes de la revolucionaria y audaz expresión Be-bop del género. Pese a todo y contra todo pronóstico, Duke estuvo continuamente renovando (y manteniendo presente generación tras generación) el Jazz orquestal hasta el último día de su vida.
El estilo musical de Duke Ellington es ecléctico: combina el Blues, toda expresión del Jazz (desde el germinal Dixie hasta el Post Be-bop de su tiempo) y hasta piezas de música clásica. | | |
Pero, para toda partitura resultante de su ecléctico ensayo musical, la interpretó usando acertadamente el
Jazz Swing de las
Grandes Bandas que fueron tan exitosas durante primer tercio del Siglo XX: una exitosísima expresión orquestal rítmica, melódica y bailable del
Jazz de la cual el mismo
Duke fue su pionero y su más versátil exponente.
La obras del
Duque son partituras sumamente versátiles, cambiando de hecho la forma de interpretar y crear
Jazz: por ello su música se interpretó en toda ocasión y en todo lugar, tanto en las salas de concierto como en ceremonias religiosas.
Muchas de las obras más características de
Duke Ellington son, en realidad, una versión modificada de la música construida en torno a los acordes solistas de los miembros de su banda, inclusive, hay obras en las que usa coros sin palabras, como si se tratase de una versátil expresión musical impresionista del
Jazz.
Edward se crió en el seno de una familia que nunca pasó necesidades económicas ya que su padre era mayordomo de una casa de gente adinerada y su madre procedía de una familia afroamericana acomodada.
Además, Edward recibió una excelente educación burguesa con un porte de elegancia aristocrática el cual llevó orgullosamente durante toda su vida: hasta cierto punto, de ahí proviene su aristocrático mote con el cual le llamaban envidiosamente sus amigos.
Edward, finalmente, optó por asumirlo para completar el nombre artístico que lo inmortalizó:
Duke Ellington.
La educación musical del
Duque empezó con el piano de su madre y, aunque recibió clases de dos excelentes profesores musicales, tardaría bastante tiempo más en aprender a leer correctamente las partituras musicales.
En 1919,
Duke Ellington abandonó los estudios de diseño y decoración, se casó con una amiga de la infancia -
Edna Thompson quien le dio un solo hijo,
Mercer- y encontró en la música su profesión, aunque de ello le valieran incontables conflictos familiares, pues sus padres querían que se dedicará, como siempre, a una profesión
seria y no que
malgastara su vida como músico.
El debut profesional del
Duque lo hizo a los 17 años de edad en su ciudad natal y si bien éste inicio no fue, musicalmente hablando, nada innovador, le dio el éxito local suficiente para motivarlo a seguir en el sendero de la Música.
Desde sus inicios,
Duke Ellington gustaba mucho de reinterpretar la música que estaba de moda en su tiempo y que, al mismo tiempo, observaba una manufactura musical cercana a un formato clásico: por ello influyó en él un género musical muy popular en la Unión Americana a principios de Siglo XX, el
Ragtime, una expresión musical netamente pianística cimentada sobre las estructuras clásicas de composición pero sumamente flexible a la improvisación solista.
Y, precisamente ésta característica germinal de motivar la improvisación virtuosa del solista es por la cual el efímero
Ragtime se convirtió en una raíz pionera al
Jazz que dominó al mundo occidental en la primera mitad del Siglo XX.
En 1921, el
Duque formó su primer grupo con músicos locales al que inicialmente los bautizó como
The Duke's Serenaders para luego renombrarlos como
The Washingtonians, poniendo al experimentado solista
Elmer Snowden como responsable de la banda.
En 1923, el
Duque y sus muchachos deciden probar suerte en New York, la ciudad norteamericana más cosmopolita de aquellos años y que era entonces el centro neurálgico de la innovación musical.
La experiencia no fue muy exitosa pero la banda del
Duque pudo tocar en la banda de
Wilbur Sweatman por algunas semanas consecutivas; los
Wilbur Sweatman actuaban en el
Lafayette Theatre, un foro musical muy prestigiado en el ambiente artístico neoyorquino de aquel entonces.
Tras algunas idas y venidas de Washington a New York, el
Duque y su banda consiguieron un contrato en el
Club Hollywood y es ahí donde el aristocrático músico escuchó a la
Orquesta de Bix Beiderbecke, quedando cautivado por el sonido de la sordina
wa-wa producido por el trompetista
Bubber Miley y el trombonista
Charlie Irvis.
Ése particular sonido distorsionado de los alientos sería decisivo y troncal en la elaboración del discurso musical de
Duke Ellington a lo largo de su carrera.