| | Johannes Brahms (se pronuncia Yojanes Breams), nació el 07 de Mayo de 1833 en el puerto comercial de Hamburgo, actual Alemania.
Para muchos especialistas musicales, Johannes Brahms es una de las tres B más trascendentales de la música clásico, esto es, que junto con Johann Sebastian Bach y Ludwig Van Beethoven correspondería los tres pilares de la música clásica.
Sin embargo, la inclusión de Brahms como si fuese una tercera presencia mesiánica de la música clásica corresponde más una exhaltación pro-germánica que a un señalamiento heroíco con tintes de objetividad, pues sus obras son, más que innovadoras, una reinterpretación del sinfonismo del compositor neoclásico austriaco Franz Joseph Haydn, con la diferencia notable de permitirse la flexibilidad romántica beethoveniana, pero no se puede asegurar que sus producciones hayan sido un estudio profundo y/o alterno al romanticismo musical del Siglo XIX. |
Amado por los vieneses que añoraron el sinfonismo práctico de
Franz Joseph Haydn, sorprende que Brahms hoy sea tan apreciado por los alemanes cuando en su tiempo fue totalmente desdeñado: por ello el compositor se autoexilió a la capital austrohúngara de su época, donde creó lo mejor de su repertorio sinfónico como de conciertos para instrumentos solistas diversos.
Johannes Brahms creció en el famoso puerto comercial germano rodeado de una miseria violenta en la que a veces no había ni que beber ni que comer.
Más por necesidad que por talento innato, Brahms tuvo que ganarse el pan diario tocando el piano siendo aún niño en las múltiples tabernas y prostíbulos que albergaban temporalmente las efímeras visitas de los marineros europeos.
No tardó Johannes en revelar su talento para la música y su padre decidió alentarlo para que el niño ayudase a la familia tocando melodías diversas para amenizar las rudas tabernas del puerto.
Y es que la familia Brahms llevaba la música en la sangre: el padre tocaba el contrabajo en una orquesta teatral, por lo que el pequeño Brahms recibió lecciones de piano desde los siete años, y a los trece ya estudiaba composición con
Edward Marxsen, que era un maestro excepcional.
De su padre, Johannes aprendió el modo de tocar música para baile con el violín, el violoncelo y el corno, y a preparar arreglos para las bandas de instrumentos de bronce.
Johannes Brahms ayudaba a los ingresos familiares tocando en teatros y tabernas por la noche, una experiencia que le mostró el lado sombrío de la vida a una edad temprana: tenía quince años cuando dio su primer recital de piano en público, recibiendo moderadas ovaciones.
Más tarde, Brahms recibió lecciones de los mejores maestros de la ciudad de Hamburgo y fue cuando el precoz adolescente conoció y admiró fervientemente los trabajos musicales y las técnicas de composición neoclásico de los austriacos de
Wolfgang Amadeus Mozart y, especialmente,
Franz Joseph Haydn.
Johannes Brahms nunca negó su admiración total a los trabajos de Haydn, especialmente es sus trabajos sinfónico, y tal vez por ello fue acusado como un complejo y transnochado neoclásico en plena efervescencia romántica en Alemania, mientras fue tan gratamente comprendido en el Imperio Austrohúngaro.
Lo cierto es que Brahms trabajó duramente en la manufactura de obras sinfónicas y produjo obras maestras en todas las formas musicales, excepto la ópera.
Al final de su vida, toda Europa le reconoció su talento como compositor y, aprovechando dicho reconocimiento de la severa crítica musical europea,
Johannes Brahms realizó una serie de obras alejadas de todo concepto programático tan de moda a finales del Siglo XIX para centrarse únicamente en un arte musical puro y neoclásico.
A los veinte años, la capacidad de
Johannes Brahms para transponer a primera vista, esto es, pasar de la tonalidad original de una melodía a otra que la hece sonar casi completamente diferente, fue una cualidad musical que pocos compositores dominan y por ello llamó la atención del violinista húngaro
Eduard Reményi.
Al corroborar la precocidad de Johannes para desenvolverse en toda situación apremiante, el virtuoso violinista le pidió al joven alemán que le acompañase en una gira de conciertos (1853) y, así, ambos emprendieron un viaje en la Europa Central y Eslava en la que Brahms no sólo se familiarizó con la música gitana -que después volcaría en sus ahora celebérrimas "
21 Danzas Húngaras"- sino que también conoció al gran violinista
Josef Joachim, quien se convertiría en un amigo de por vida y a quien dedicaría su brillante y único "
Concierto para Violín y Orquesta en Re Mayor, Op.77", uno de los cuatro conciertos para éste instrumento más bellos y mejor compuestos de la historia musical.
A través de Joachim,
Johannes Brahms conoció al pianista virtuoso y compositor húngaro
Franz Liszt quien no reconoció genialidad alguna en Johannes, pues no lo consideró nada innovador y lo acusó de ser totalmente indiferente a la esencia del romanticismo musical de aquella época, de hecho, el pianista húngaro siempre se refirió al compositor alemán como
un trasnochado compositor de vieja escuela.
Algunos biógrafos refieren al viaje de Brahms en tierras centro y orientales de Europa más como una verdadera iniciación musical que un verdadero viaje promocional de un talento que, como compositor, aún no maduraba.
De hecho, hay serias acusaciones hechas por empíricos pero talentosos violinistas gitanos húngaros que demandaron la autoría de varias de las "
Danzas Húngaras" cuando, una vez que las dió a conocer en su versión original para piano, la fama de los últimos años del compositor alemán provocó un reestreno mundial de su danzas en una versión sinfónica que fue muy exitosa en todo el mundo occidental.
Muchas de ésas demandas, según las investigaciones más asiduas de biógrafos, fueron atendidas personal y secretamente por Brahms y, una a una, fueron súbitamente retiradas.