Agustigula
"Me es imposible imaginar
un mundo sin música..."
Sunday 20th of May 2012
team banner

Agustígula presenta a...

Acceso al Sitio

Si te inscribes, accedes a
TODAS las compilaciones
del mes...¡GRATIS!



Porque compartir es de humanos.

Otros sitios recomendados

Revista
Musical
Robert Johnson
Escrito por Agustigula   
Indice del artículo
Robert Johnson
El vagabundo mujeriego
La Encrucijada del Diablo
29... sólo 29
Renacer desde una muerte misteriosa
Encrucijadas musicales: el verdadero legado
Todas las páginas

Robert Johnson Desde la exitosísima experimentación del Rock Blues británico en el primer lustro de los '60s del Siglo XX, las enciclopedias del Rock y del Blues tuvieron que reescribirse, pues éstas nuevas expresiones del rock reinterpretaban obras de un ignoto afroamericano aventurero: un afroamericano de orígenes misteriosos que creció en la infame resaca de añejos tiempos donde los campos de algodón se cosechaban bajo de una inhumana explotación rural.

Por lo tanto, éste andariego trovador rural fue, desde entonces, referido como el verdadero ancestro directo del Blues Eléctrico que actualmente perdura, además de ser una de las fuentes de inspiración directa -sino es que la principal- para la revolución del Rock al regresar a su tierra natal tras ser reinterpretado antológicamente por una generación ingeniosos y virtuosos músicos británicos.

Robert (Leroy) Johnson fue aquel ignoto campirano andariego señalado ahora como el emblemático ancestro inspiracional del Blues Eléctrico moderno y uno de los pilares revolucionarios del Rock en sus diversas ramificaciones más duras y rítmicas: desde el Rock Blues hasta el Heavy Metal importado del Reino Unido .

Sin embargo, hay demasiadas lagunas biográficas del siempre inquieto y misterioso Robert Johnson que se han perdido en el tiempo: desde la fecha exacta de su nacimiento (¿realmente nació el 08 de Mayo de 1911?), su infancia, la distinción fehaciente del ficticio mamarracho afortunado narrado por sus conocidos al verdadero campirano vagabundo enamoradizo que realmente fue, hasta las verdaderas causas de su intempestiva y misteriosa muerte en pleno auge de un fama regional.

Obviamente, tanto misterio alrededor de Robert Johnson le ha generado demasiadas leyendas oscuras e infames mitologías rurales sumamente fantásticas, casi todas ellas girando en la negra narrativa del soñador músico rodeado de miseria e indiferencia social que busca afanosamente la fama y la fortuna apostando todo, hasta su alma misma, con el mejor postor -incluído al Diablo mismo- cuando sus ruegos son, aparentemente, ignorados por su Dios benevolente, en una especie de reinterpretación campirana del Fausto literario del escritor y filósofo alemán Johann Wolfgang von Goethe.

Más allá de la barroca mitología que adorna demasiado al músico vagabundo, lo cierto es que con su prosa directa, su emotiva voz desafinada llena de interesantes falsetes y su destartalada guitarra acústica afinada e interpretada autodidácticamente, el andariego y mujeriego Robert Johnson grabó únicamente 29 canciones y sorprende que, precisamente, ésas 29 canciones revolucionaran primero al Blues y, años después, al Rock de una manera tan contundente e inimaginable.

Tal es la generación automática de la leyenda que genera la biografía de Robert Johnson que aún hay músicos empecinados en encontrar una fantasmal canción 30 del repertorio del trovador campirano cuando, en realidad, se ha corroborado fehacientemente que la supuesta canción 30 es más producto de una obsesión humana por satisfacer la referencia contable a múltiplos de 5 y 10 -respuesta usual al catalogar y contar naturalmente las cosas que nos rodean al usar nuestro sistema matemático decimal con el que socioculturalmente nos desenvolvemos- que un supuesto olvido de inclusión de una última canción en aquellas 5 legendarias y extenuantes grabaciones texanas hechas en improvisados estudios de grabación montados tanto en el cuarto de hotel donde se hospedó el promotor de Robert en San Antonio como en la bodega hotelera en Dallas (grabaciones realizandas en Noviembre de 1936 y Junio de 1938).

Robert Johnson casi no hablaba claramente de su niñez y sus recuerdos familiares, pese a que era un afroamericano sumamente dicharachero y sociable al invitarle unas copas: lo único que Robert sabía con seguridad era que había nacido en 1911.
Actualmente, tras largas y exhaustivas investigaciones de melómanos profesionales, se han hallado documentos bastantes confiables de que Robert Leroy Johnson nació el 08 de Mayo de 1911 en el abandonado poblado de Hazlehurst, Mississippi, E.U.A., aunque otras fuentes poco confiables insisten que fue en Memphis, Tennessee, E.U.A., donde el autodidacta músico vagabundo realmente nació.

Debido a que las anécdotas biográficas de Robert están plagadas de abundantes leyendas fantasiosas poco creíbles, casi nada se sabe de la infancia y la adolescencia del campirano bluesista.
Sin embargo, hay anécdotas que nos asoman aspectos sumamente trágicos y llenos de carencias de todo tipo en la vida de Johnson: varios de quienes lo conocieron en las tabernas donde acostumbraba ganarse uno centavos, Robert les confiaba, tras unos tragos de por medio, que lo que realmente buscaba era más fortuna que fama, pues no estaba dispuesto a pasar más hambrunas y muerte como a la que sobrevió en su infancia... y que sería capaz de vender hasta su alma al mejor postor por lograr dicho cometido antes que morir de hambre en la desolación.

De éstas anécdotas recurrentes pueden fiarse dos aspectos biográficos medulares en la formación legendaria de Robert Johson: una es que vivió una traumática infancia donde la miseria era agresivamente mortal en todos los aspectos humanos y que, precisamente en respuesta al trauma de ser un sobreviviente de la pobreza extrema, Robert encontró en su guitarra su única herramienta de sobrevivencia con la cual enfrentó al mundo en una vagancia eterna en busca de la fama pero, sobre todo, de la fortuna que le permitiera vivir el resto de sus días en la comodidad opulente al precio que, como el mismo trovador lo recalcaba al calor de las copas, tuviera que pagar lo que fuera para lograrlo.

Otras anécdotas relativamente confiables dicen que Robert fue un hijo ilegítimo de Julia Dodds y de Noah Johnson y que su padre los abandonó a su suerte al comprobar reiteradamente la casquibana vida sexual de su esposa.
A veces, Robert recordaba fugazmente su infancia recalcando que sobrevivió acompañando a su madre quien cambiaba de domicilio y amantes como salidas y puestas de Sol.

También se sabe que Robert cursó la primaria de manera inconstante y, finalmente, abandonó todo estudio entre los 16 y 17 años de edad para buscar un empleo con cual sobrevivir en la miseria extrema que cada vez lo traumatizaba más.

Precisamente, entre 1928 y 1929 es cuando data fidedignamente una de las tantas tragedias emocionales de Robert Johnson que, finalmente, marcaron su personalidad de errático trotamundos que persiguió, tal vez inútilmente, la fama y la fortuna que en vida tanto ambicionó.
A los 17 años de edad, Robert se casó con una bella jovencita llamada Virginia Travis, pero el matrimonio fue trágicamente muy breve: dos años después del humilde casamiento, Virgina fallece a la edad de 16 años junto al niño (y, nuevamente, la leyenda negra: unos dicen que murieron de desnutrición a semanas de suceder el parto y otras fuentes dicen que el niño nació muerto y Viginia murió al parir).

Por alguna razón, Robert Johnson desarrolló una enferma obsesión por saber quién fue realmente su padre tras la muerte de su amada esposa e hijo nonato y, bajo ése sórdido pretexto, Robert empezó una larga vagancia a lo largo y ancho del sur de los Estados Unidos de América, tocando en bares de mala muerte para mal pagar algo para comer en el día.

Durante su largo y constante peregrinar, Robert interpretaba sus canciones con su destartalada guitarra acústica, cargando un sombrero y traje negro a rayas muy desgastado al que atesoraba con devoción.

Sin importar el foro donde se presentaba, Robert pagaba con lo poco que ganaba para mandar a lavar y almidonar su blanca y añeja camisa, poniéndose ceremoniosamente sus cada vez más holgadas vestimentas antes de salir al escenario: una holgura en su vestir que mostraba claramente sus constantes hambrunas en la obsesiva búsqueda de sus orígenes.

Sentado en una silla enmedio del bar, ya sea iluminado por velas o por un foco cochambroso, Robert Johnson cantaba sus propias composiciones con su graznante pero muy emotiva voz llena de interesantes falsetes vocales: prácticamente destinado a desaparecer en el olvido, el trovador campiranro cantaba una serie de canciones de prosa sencilla pero perturbadora que, a lo largo de los lustros que le siguieron a su ignomiosa muerte, cambiarían no sólo de interpretar el Blues, sino ramificaría enérgicamente la forma de interpretar el Rock.


Última actualización el Jueves, 18 de Agosto de 2011 23:54