| | John Lee Hooker nació el 22 de Agosto de 1917 en el olvidado poblado Clarksdale, Mississippi, E.U.A.
Clarksdale era entonces un lugar representativo del disimulado oprobio del sur estadounidense que, si bien había derogado legislativamente la esclavitud, en la práctica se discriminaba grotescamente a la población afroamericana de los servicios sociales y educativos esenciales que los mantenían en un estado de miseria sumamente redituable para los caciques regionales.
John creció en un mundo de carencias de todo tipo, siendo la hambruna su principal recuerdo desde su temprana infancia: su esquelética y enfermiza figura lo hizo despreciado por los niños de su barrio. Apartado de las palomillas de niños traviesos, un pequeño e introvertido Johnny apenas y hablaba y, cuando lo hacía, mostraba su inseguridad con un indomable tartamudeo que terminó por aislarlo.
Repudiado por ser débil y tartamudo Johnny se refugió en los acordes de una destartalada guitarra española heredada por sus abuelos y repetía viejas canciones rurales con la esperanza de domar su tartamudeo.
No logró su objetivo por completo pero, sin imaginarlo, un hambriado Johnny estaba reinventando el ritmo del blues, abriendo las brechas del futuro rock-blues británico en los siguiente años y fincando la arcaica piedra fundamental del hip-hop que, desde inicios de los '80s del Siglo XX, se tranformaría en la industra musical afroamericana comercialmente más glamorosa y lujosamente rentable de la actualidad. |
Absolutamente nadie hubiera siquiera imaginado -ni siquiera un escritor de optimisto realismo mágico- que un introvertido afroamericano tartamudo que buscaba refugio de su miserable realidad reinterpretando viejas canciones rurales raspando una guitarra casi inservible remarcando rítmicos acordes repetitivamente resultaría ser, posteriormente, una nueva expresión del
blues basado en el
bit repetitivamente rítmico en la que, más que cantar, se platica emocionado una anécdota.
El tartamudeo inicial de John le dió a sus versos llenos de honesta rudeza existencial un especial toque al acorde rítmico, creando un estilo único no sólo en el
blues sino, en general, en la música popular mundial.
Formalmente hablando en términos musicales,
John Lee Hooker patentó, en realidad, una versión sumamente rítmica del
boogie-woogie sureño muy gustado finales de los '40s del Siglo XX en el sureste norteamericano: el
boogie fue una especie de eslabón musical entre el bailable
jazz-swing que se extinguió tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y el
Rhythm & Blues que gestaría, pocos años después, al
Rock'N'Roll.
Al igual que
Muddy Waters,
Howlin Wolf y otros miles de afroamericanos urgidos de buscar mejor suerte para sobrevivir honestamente su asfixiante miseria social,
John Lee Hooker escapó de la pobreza sureña viajando hacia las metrópolis del norte de la Unión Americana, asentándose finalmente en Detroit durante la Segunda Guerra Mundial.
Ahí, John fue un joven, flaco y enfermizo empleado en la industria del automóvil; por la noches, se ganaba un puñado de dólares más cantando en cantinas de mala fama donde otros emigrantes sureños se curaban las penas con alcohol, prostitutas y violentas riñas donde el pretexto para iniciarlas sobraban.
Definitivamente, es irónico que un introvertido y famélico joven tartamudo intentara siquiera entrar en un sitio donde la gente era realmente dura y muy violenta; sin embargo, cuando la necesidad y el hambre conviven en el mismo cadavérico cuerpo le obligan a vencer sus miedos y limitaciones, aprendiendo a tocar la guitarra eléctrica, prácticamente la misma noche donde el dueño del local le mostró el improvisado y maloliente escenario donde cantaría minutos después de ser contratado.
Sin tiempo para recordar sus limitaciones,
John Lee Hooker quedó tan maravillado del sonido de la guitarra eléctrica que olvidó su eterno trauma de su tartamudez y su evidente falta de potencia vocal: el instrumento de cuerdas eléctricas multiplicaba su sonido y le mostraba un abanico de posibilidades inútilmente buscado en la vetusta guitarra de sus abuelos.
John, muy nervioso de recibir un botellazo o sufir una paliza inolvidable, prefirió recitar emotivamente frases rurales y albures de sus compañeros obreros que cantar una afamada canción usando el falsete campirano del
blues de aquellos días; al tiempo que "
cantaba", sólo repetía acordes que dominaba en la guitarra española para evitar un desafino por la falta de dominio del equivalente eléctrico: su
blues resultó ser inusualmente elástico e imprevisible con sólo una guitarra que le proporcionaba un remarcado ritmo, comentándolo con un recitar que rememoraba una voz sumamente ancestral, tal vez demasiada primitiva y, por lo mismo, casi totalmente olvidada, por lo que se creyó, en su momento, que su canto era innovador y revolucionario.
En aquellos inicios,
John Lee Hooker usó varios alias para no tener problemas de exclusividad entre las competidas cantinas de los suburbios de la industrial Detroit: se le conoció como
John Lee Booker,
Johnny Hooker y
John Cooker.
Sin embargo, su cadavérica presencia, su ancestral recitar de sus canciones y su peculiar tartamudeo que lo ocultaba con su hipnotizante repetición de acordes rítmicos, rápidamente, lo delataba: era el campirano
Boogie Man que ensamblaba automóviles en las mañanas industriales de Detroit.
El
Boogie Man de años '40s tenía un doble significado: el significado ancestral y otra nacido del caló musical de la ciudad ensambladora de autos.
El
Boogie Man ancestral es el mítico "
Coco" o el "
Hombre del Costal" que se lleva a los niños traviesos en la noche, una leyenda urbana bastante apropiada para un
John Lee Hooker poco bien parecido y extraordinariamente delgado, tan delgado como los espíritus santeros referidos en las culturas afroamericanas del sur estadounidense.
El otro significado del
Boogie Man -el más usual en las metrópolis de los '30s y '40s- era para referir respetuosamente al cantautor que dominaba el acelerado ritmo bluesero del
boogie-woogie, un ritmo de origen campirano que había mutado a una versión urbana muy rítmica y bailable alterna al
jazz-swing tan bailado por el americano caucásico de aquellos años entre guerras mundiales.
Por casi 20 años, el peculiar estilo de blues rítmico del
Boogie Man fue no sólo menospreciado por sus compatriotas caucásicos sino bastante infravalorado por los mismos afroamericanos, permaneciendo como cantautor de culto gracias a los elogios y referencias constantes de otros blueseros contemporáneo de John como
B.B. King,
Elmore James,
Jimmy Reed,
Howlin Wolf y
Muddy Waters, quienes tuvieron mejor fortuna en el mercado discográfico estadounidense que él.
Sin embargo, en los '60s, los cantautores británicos que fusionaron el
blues y las escencias rítmicas del
rock estadounidense señalaron a
John Lee Hooker como uno de los referentes inmediatos a ésta nueva fusión, dándole el merecido y justo lugar en la constelación de leyendas del
blues desde entonces, además de ser señalado en las enciclopedias musicales como una de las raíces ancestrales directas del
Rock y la variantes del
Rhythm & Blues actual.