| | De los diversos eventos que suceden en la Historia Musical desde que se tienen registros, aquella noche del 16 de Enero de 1938 en el Carnegie Hall neoyorquino es un parteaguas en la diversificación y aceptación musical de la música popular en todos los estratos sociales, en específico, de la aceptación del Jazz.
Por siglos, la música popular fue totalmente prohibida para su interpretación en sala de conciertos alguna, inclusive, muchas salas de conciertos censuraron obras maestras de compositores prestigiados europeos que incluyeran temas folclóricos ¡inclusive de su propio folclor nacional!
En Estados Unidos de América era el Jazz, en específico y a inicios del Siglo XX, la expresión musical catalogada como una vulgar extravaganza sonora de los oprimidos afroamericanos, gente a la que hasta entonces se le consideraba inculta, salvaje y estúpida por el sólo hecho de tener la color negra. |
Sin embargo, desde las primeras improvisaciones en los suburbios de New Orleans a mediados del siglo XIX, poco a poco ésta nueva expresión musical fue gustando a todo mundo, sin importar ni credo ni color de piel, polarizando a la población entre su detesto y el amor incondicional a una música que, para quienes la destestaban, la señalaban como una locura ruidosa y, para quienes la defendían, era la más excelsa expresión artística de genios musicales donde la improvisación es la característica que le da esencia inmortal en la memoria de quien realmente lo escucha.
A inicios del siglo XX, el
Ragtime sureño de la Unión Americana se diversificó rápidamente en el sureño Estado de Louisiana y nació un nuevo género musical llenos de ritmos nacidos de variantes e improvisaciones espectaculares respecto a una melodía popular -el
Dixieland- y, desde la siempre fiestera New Orleans, nuevas expresiones del
dixie tomaron otros rumbos sonoros principalmente en dos grandes ciudades norteamericanas:
Chicago y
New York.
Ambas megalópolis fueron la cuna del
Blues eléctrico y el
Jazz moderno y ésta pareja musical, en un inicio, fueron expresiones musicales muy rítmicas que invitaban tanto al baile como a la reflexión, una herencia innegable del estilo original del
Dixieland de New Orleans.
Precisamente, fue el Dixieland lo que influyó para siempre la vida del clarinetista Benny Goodman quien, desde su niñez y contra su voluntad, fue educado para que fuera concertista clásico. Desafiando a sus padres y a las convencionalidades sociales de su época, abrazó el estilo dixie para, gradualmente, desarrollarlo en una nueva expresión musical rítmicamente más bailable y popular: actualmente ése estilo de jazz creado por Benny se le sigue llamando Swing.
Junto con otros grandes virtuosos con los que Benny conformó su ahora legendaria Orquesta -como Gene Krupa en la batería, Teddy Wilson al piano, su hermano Harry Goodman al contrabajo, Harry James en la trompeta y el vibrafonista Lionel Hampton- el proyecto musical fue uno de las más refinadas y exitosas Grandes Bandas del Swing en la década de los '30s y '40s; sin embargo, la música de Goodman y sus contemporáneos seguía cargando la loza de ser música intrascendente y vulgar, sólo digna de interprentarse en clubs y burdeles. | | | |
Fue tan exitosa la difusión del estilo
Swing del jazz en las radiodifusoras neoyorquinas que, no sólo la Unión Americana terminó por bailar alocada o románticamente las melodías de
Benny Goodman y su contemporáneos, sino que el estilo era mundialmente conocido y, especialmente, apreciado en Europa.
Precisamente al oriente del Océano Atlántico fue donde los jazzistas eran requeridos (y cada vez en mayor cantidad) en los salones de baile y plazas pero no precisamente para bailar la rítmicas melodías jazzísticas, sino apreciaralas y degustarlas como si se tratase de una expresión más de música concertista de la ya larga lista obras de concierto de compositores del Viejo Continente desde el periodo musical barroco hasta entonces.
Precisamente ésta apreciación musical europea por el "
vulgar" Jazz dió mucho que pensar a los estadounidenses, en especial, a los neoyorquinos quienes presumían en aquellos días de ser la nueva capital cultural mundial de la vanguardia artística.